lumbalgia mecánica

La lumbalgia mecánica es una de las causas más frecuentes de dolor lumbar y suele relacionarse con sobrecargas, malas posturas y movimientos repetitivos. En muchos casos aparece o empeora cuando la espalda soporta demasiada tensión durante demasiado tiempo, ya sea sentado, de pie o al levantar peso.

No siempre empieza con un dolor fuerte. A veces comienza como una molestia leve, una sensación de rigidez o una carga en la zona baja de la espalda que se repite al final del día. Cuando no se corrigen los factores que la provocan, el problema puede hacerse más frecuente y limitar actividades tan simples como agacharse, caminar o sentarse.

 

Qué es la lumbalgia mecánica

La lumbalgia mecánica es el dolor lumbar que empeora con el movimiento o con determinadas posturas y mejora, al menos parcialmente, con el descanso relativo. No suele tener un origen grave en sí mismo, pero sí puede hacerse muy molesto si se mantiene el mismo patrón de esfuerzo durante semanas.

Su aparición suele estar ligada a una combinación de factores: tiempo prolongado en la misma postura, falta de fuerza o resistencia en la musculatura de sostén, técnica incorrecta al levantar objetos y poca movilidad en la zona lumbar y la cadera. Todo eso hace que la espalda trabaje más de la cuenta.

 

Hábitos que la empeoran

Hay comportamientos cotidianos que favorecen la lumbalgia mecánica o la hacen persistir más tiempo del necesario. Uno de los más frecuentes es pasar muchas horas sentado sin cambios de posición, sobre todo con la espalda encorvada o sin apoyo adecuado. También influye estar demasiado tiempo de pie sin moverse o sin repartir bien el peso entre ambas piernas.

Levantar peso doblando la espalda en lugar de usar piernas y cadera es otro error típico. Los movimientos repetitivos del tronco, como girar, agacharse o cargar bolsas de forma continuada, también pueden aumentar la sobrecarga lumbar. Incluso factores como el estrés, la ansiedad o el tabaco pueden empeorar el dolor y favorecer que se cronifique.

 

Errores cotidianos frecuentes

  • Permanecer sentado durante mucho tiempo sin pausas.
  • Inclinar la espalda hacia delante al usar el ordenador o el móvil.
  • Levantar objetos pesados sin flexionar rodillas y caderas.
  • Cargar peso de un solo lado, como bolsos o mochilas mal distribuidas.
  • Hacer movimientos bruscos al vestirse, agacharse o girar.
  • Evitar moverse por miedo al dolor, lo que aumenta la rigidez.

 

Qué suele ayudar

Suele ayudar levantarse con frecuencia, cambiar de postura y caminar unos minutos a lo largo del día. También es útil aprender a agacharse y a levantar objetos con mejor mecánica, repartiendo el esfuerzo entre piernas, caderas y tronco.

Mantener una actividad física suave y constante suele ser mejor que el reposo prolongado. Cuando el dolor se repite o dura semanas, una valoración profesional ayuda a detectar qué está manteniendo la molestia y qué cambios concretos conviene hacer.

 

Cuándo pedir valoración

Conviene consultar si el dolor aparece con frecuencia, si limita el movimiento o si notas que cada vez necesitas más tiempo para recuperarte. También es recomendable pedir valoración si el dolor cambia tu forma de caminar, dormir o entrenar.

Si además aparecen hormigueos, pérdida de fuerza, dolor muy intenso o empeoramiento progresivo, no conviene esperar. Una revisión temprana suele facilitar que el problema no se vuelva crónico.

 

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Fuentes de referencia